EL Comercio

El Corán y los hadices del Profeta (B y P) urgen a los musulmanes a practicar el comercio y el mercado; y  hacer viajes para lo que el Corán llama “procurar la bondad de Allah”. De hecho, Allah menciona a los que viajan por comercio junto a los que combaten por su causa. 

“Tu Señor sabe que pasas en oración casi dos tercios de la noche, la mitad o un tercio de la misma, y lo mismo algunos de los que están contigo. Allah determina la noche y el día. Sabe que no vais a contarlo con exactitud y os perdona. ¡Recitad, pues, lo que buenamente podáis del Corán! Sabe que entre vosotros habrá unos enfermos, otros de viaje por la tierra buscando el favor de Allah, otros combatiendo por Allah. ¡Recitad, pues, lo que buenamente podáis de él! ¡Haced la azalá! ¡Dad el azaque! ¡Haced un préstamo generoso a Allah! El bien que hagáis como anticipo para vosotros mismos, volveréis a encontrarlo junto a Allah como bien mejor y como recompensa mayor. ¡Y pedid el perdón de Allah! Allah es indulgente, misericordioso.”  (73:20)

            Allah menciona los barcos mercantes, que son el principal medio para transportar mercancías alrededor del mundo, como uno de sus favores para con la humanidad. Esto es un aliento a la gente para que se dediquen a las importaciones y las exportaciones. El dice:

“No son iguales las dos grandes masas de agua: una potable, dulce, agradable de beber; otra salobre, amarga. Pero de cada una coméis una carne fresca y obtenéis adornos que os ponéis. Y ves que las naves las surcan. Para que busquéis Su favor. Quizás, así, seáis agradecidos”. (35:12)

            En otros lugares describe los vientos, asociándolos con el movimiento de los barcos:

“Entre Sus signos, está el envío de los vientos como nuncios de la buena nueva, para daros a gustar de Su misericordia, para que naveguen las naves siguiendo Sus órdenes y para que busquéis Su favor. Y quizás, así, seáis agradecidos”. (30:46)           

El Corán menciona esto en otros lugares como un recordatorio del poder y la sabiduría de Allah:

“En la creación de los cielos y de la tierra, en la sucesión de la noche y el día, en las naves que surcan el mar con lo que aprovecha a los hombres, en el agua que Allah hace bajar del cielo, vivificando con ella la tierra después de muerta, diseminando por ella toda clase de bestias, en la variación de los vientos, en las nubes, sujetas entre el cielo y la tierra, hay, ciertamente, signos para gente que razona” .  (2:164)

“Entre sus signos figuran las embarcaciones en el mar como mojones”.  (42:32)

            Allah hace recuerdo a la gente de La Meca que El causó que su ciudad se convierta en un centro comercial de la Península Arábiga:

“Dicen: 'Si seguimos la Dirección contigo, se nos despojará de nuestra tierra'. Pero ¿Es que no le hemos dado poder sobre un territorio sagrado y seguro, al que se traen frutos de todas clases como sustento de parte Nuestra? Pero la mayoría no saben”.  (28:57)

            Esto fue la respuesta a la siguiente plegaria de Abraham:

“¡Señor! He establecido a parte de mi descendencia en un valle sin cultivar, junto a tu Casa Sagrada, ¡Señor!, para que hagan la azalá. ¡Haz que los corazones de algunos hombres sean afectuosos con ellos! ¡Provéeles de frutos! Quizás, así, sean agradecidos ”.  (14:37)

Allah mencionó Su favor sobre Curaish; que les facilitó sus dos rutas comerciales anuales: El viaje a Yemen en invierno y el viaje a Siria en verano. Ellos viajaban seguros porque eran guardianes de la casa sagrada ( La Ka’aba). Por ello, deberían mostrar su gratitud al Señor de la Casa Santa reconociéndolo y adorándolo a El solo:

“Por el pacto de los curaishíes, pacto relativo a la caravana de invierno y la de verano, ¡que sirvan, pues, al Señor de esta Casa, que les ha alimentado contra el hambre y dado seguridad frente al temor!  “ (106: 1-4)

            El Islam provee una gran oportunidad para el comercio internacional cada año. La temporada anual del Hayy reúne en un solo lugar a musulmanes de todo el mundo:

“¡Llama a los hombres a la peregrinación para que vengan a ti a pie o en todo flaco camello, venido de todo paso ancho y profundo, para atestiguar los beneficios recibidos y para invocar el nombre de Allah en días determinados sobre las reses de que Él les ha proveído!: ‘¡Comed de ellas y alimentad al desgraciado, al pobre!’ “.  (22:27-28)

            La actividad comercial es, indudablemente uno de esos beneficios. Al Bujari citó que los musulmanes estaban renuentes a realizar negocios durante el Hayy, temiendo que esto pueda comprometer la sinceridad de sus intenciones o la pureza de su adoración. Entonces, fueron revelados unos versos del Corán que establecen claramente que:

“No hacéis mal, si buscáis favor de vuestro Señor. Cuando os lancéis desde Arafat, ¡recordad a Allah junto al Monumento Sagrado! Recordadle... cómo os ha dirigido... cuando erais, antes, de los extraviados” .   (2:198)

            El Corán elogia a los que van frecuentemente a las mezquitas, glorificando a su Señor de día y de noche:

“hombres a quienes ni los negocios ni el comercio les distraen del recuerdo de Allah, de hacer la azalá y de dar el azaque. Temen un día en que los corazones y las miradas sean puestos del revés”.  (24:37)

            Desde el punto de vista islámico, los verdaderos creyentes no son los que se mantienen en las mezquitas, tampoco los místicos ni los que se recluyen en sus lugares de retiro.

            Los verdaderos creyentes son hombres de acción, cuya característica distintiva es que los asuntos del cambiante mundo no los hacen olvidar sus relaciones con su Creador. Estas son algunas de las enseñanzas del Corán sobre el comercio y el mercadeo.

            El Profeta (B y P), con sus palabras y obras, delineó las reglas para que lo practiquen. Entre sus palabras al respecto citamos lo siguiente:

El mercader honesto y confiable estará con los mártires en el día de la Resurrección[1]

Un mercader honesto y confiable estará con los profetas, los sinceros y los mártires”  [2]

            No debe sorprendernos que el Profeta (B y P) consideraba la posición de un comerciante honesto como igual a la de un soldado o un mártir en la causa de Allah. Esta evaluación es confirmada por la experiencia, ya que el esfuerzo por la causa de Allah no se limita al campo de combate sino que también se extiende al frente económico.

            El Profeta (B y P) prometió a los comerciantes una elevada posición con Allah y una gran recompensa en la Otra Vida.

Observamos que la fuerza motivadora detrás de gran parte del comercio es la codicia y el hambre de ganancias obtenidas por cualquier medio.

“El dinero hace más dinero” y “El negocio origina más negocio” son los motivos de muchas de las actividades comerciales. Cualquier comerciante que se mantenga dentro de los límites de la honestidad y el trato limpio en tal ambiente es alguien que lucha contra sus deseos; y se amerita el status de luchador en la causa de Allah.

            La tentación del negocio es grande; y puede atraer la atención del negociante exclusivamente a números, a contar su capital y las ganancias de su negocio. Incluso en la época del profeta (B y P) sucedió el siguiente incidente: Mientras el Profeta (B y P) dirigía un discurso a los fieles, llegaron noticias de que una caravana comercial había llegado. La gente salió apresuradamente, dejando atrás al Profeta (B y P). Ante esto, Allah los reprendió así:

“Cuando ven un negocio o una distracción, escapan allá y te dejan plantado. Di: ‘Lo que Allah tiene es mejor que la distracción y el negocio. Allah es el Mejor de los proveedores' ”.  (62:11)

            Es así que, una persona, que en el vértice de la actividad comercial, puede mantenerse firme, con el temor de Allah en su corazón y Su mención en sus labios, con seguridad merece estar en compañía de los favorecidos por Allah: los profetas, los testigos de la  verdad y los mártires en Su causa.

            El ejemplo del Profeta (B y P) en relación al negocio y el comercio nos basta por sí mismo. Por un lado ansiaba nutrir el aspecto espiritual; por ello, construyó la mezquita en Medina, fundada sobre la piedad y buscando complacer a Allah, como un punto de reunión para la adoración como una universidad para enseñar y aprender, como base para el llamado hacia el Islam y como un asiento del gobierno. Por otro lado; estaba igualmente ansioso de desarrollar el aspecto económico; para ello estableció un mercado islámico en el cual los judíos no tenían la autoridad que previamente tuvieron en el mercado de los Banu Qainiqá’ . El Profeta (B y P) mismo organizó las reglas de los tratos comerciales, explicando y enseñando sus variados aspectos. No debía haber engaños ni falsificaciones, ni monopolios, ni falsas ofertas ni otros trucos similares.

Estos temas serán el sujeto a discutir bajo el título de “asuntos humanos” en el capítulo titulado “Lo lícito y lo ilícito en la vida diaria del Musulmán”.

            Entre los compañeros del Profeta (B y P), encontramos expertos comerciantes así como artesanos, campesinos y toda otra clase de profesiones y trabajos. Entre ellos estaba el Mensajero de Allah (B y P), a quien la Palabra de Allah había descendido. Era visitado por Gabriel (Yibril), el espíritu confiable, que traía las revelaciones de Allah y que guió a la gente con la luz de estos mensajes celestiales.

Cada uno de los sahabis amaba a este noble mensajero (B y P) desde las profundidades de su alma; no deseaba nada más que estar en su compañía y no detestaba nada más que alejarse de él. Aún así, vemos que cada uno se ocupaba de su propio trabajo; este viajaba por la tierra en una travesía de negocios; el otro trabajaba en su palmeral y granja; y otro estaba ocupado con sus artesanías. Quien se perdía cualquier parte de la enseñanza del Mensajero (B y P) preguntaba a sus amigos sobre todo lo que podía.

El Profeta (B y P) dijo a quienes lo escuchaban que transmitan sus instrucciones a los ausentes. Entre sus compañeros, los Ansar (los “auxiliadores” de Medina) eran, en su mayoría agricultores y cultivadores de palmeras datileras, mientras que la mayoría de los inmigrantes de La Meca estaban ocupados del comercio y los negocios.

            Aquí tenemos a Abdurrahmán bin ‘Auf, el inmigrante (Muhayir), y Sa'd Ibn Ar Rabi’, el ansarí, que fueron hermanados en Allah por el Profeta (B y P) cuando los musulmanes de La Meca emigraron a Medina. Sa’d ofreció a Abdurrahmán la mitad de su propiedad, una de sus dos casas, y le pidió que escoja una de sus dos esposas para que él la divorcie. Este noble sacrificio fue rechazado por un agradecido Abdurrahmán con las siguientes palabras: “Que Allah te bendiga en tu fortuna y tu familia. No los necesito. Sólo dime qué mercado tiene la mayor actividad comercial” Sa’d dijo: “Es el mercado de Bani Qainuqá’ ". Abdurrahmán se dirigió a este mercado con un poco de queso y mantequilla y se pasó el día vendiendo y comprando. Así continuó su actividad comercial hasta que se convirtió en uno de los musulmanes más ricos, dejando atrás una gran fortuna cuando murió.

            También está Abu Bakr As Siddiq que era comerciante. Incluso en el día en que los musulmanes lo eligieron Califa el planeaba ir al mercado. También citamos a Omar, que dijo: “Ir al mercado me abstuvo de oir los hadices del Mensajero de Allah (B y P).“  También Othmán y muchos otros grandes estaban dedicados al negocio y al comercio.

CLASES VEDADAS DE COMERCIO

            El Islam no prohibe ningún tipo de comercio excepto aquellos que implican injusticia, engaño, obtención de ganancias exorbitantes o la promoción de algo que es ilícito (haram).

            Es ilícito negociar con bebidas alcohólicas, intoxicantes, drogas, cerdo, estatuas, ídolos y cualquier otra cosa de este tipo que el Islam haya prohibido usar o consumir. Cualquier ganancia de tal comercio es una ganancia pecaminosa y el fuego será el destino de la carne que se alimente con este tipo de ganancias. La honestidad y la confianza en tales negocios no se cuenta como meritoria, porque el Islam vino a combatir y destruir tales prácticas.

            Sin embargo, no hay objeción alguna contra el comercio de oro y seda, pues son permitidos para las mujeres, excepto que algo hecho exclusivamente de estos materiales sea hecho solo para uso masculino.

            Aún si se comercia con cosas enteramente permitidas, el comerciante deberá adherirse a muchas consideraciones morales para evitar engrosar las filas de los corruptos “En verdad, los corruptos estarán en el Infierno”.

“Pero ¡no! Lo que han cometido ha cubierto de herrumbre sus corazones”. (83:14)

Un día, cuando el Profeta (B y P) se dirigía hacia la mezquita, vio gentes ocupadas de vender. “¡Oh mercaderes! “ les dijo. Cuando se voltearon hacia él, algunos estiraron su cuello para oír lo que decía. Finalmente dijo: “Los comerciantes serán levantados el Día de la Resurrección como gente corrupta; con la excepción de aquellos que teman a Allah, hagan buenas obras y sean sinceros.”  [3]

            Waithila Ibn Al Asqa’ dijo: “Eramos negociantes. El Profeta (B y P) frecuentemente nos visitaba y nos decía: '¡Mercantes! ¡Cuidado con mentir!'  “  [4]

            Les advirtió, pues, contra mentir acerca de su mercancía, ya que esta es la debilidad de los comerciantes. La mentira lleva a los pecados y éstos al Infierno. El Profeta (B y P) advirtió en general contra los juramentos y, en particular, contra los juramentos en falso; dijo: “El Día de la Resurrección, Allah no mirará a tres tipos de personas ni los purificará. Una de ellas es la persona que jura por la verdad mientras miente sobre su mercancía”. [5]

            Abu Sa’id narró que “Un árabe con una oveja pasó cerca mío y yo le dije: ¿Me la venderías por tres dirhams? El respondió: ‘¡No por Allah!’ Pero luego me la vendió. Yo mencioné esto al Mensajero de Allah (B y P) y él dijo: 'Vendió su otra vida por este mundo' ”. [6]

            El comerciante debe cuidarse de engañar, porque quien engaña está fuera de la comunidad islámica. Debe cuidarse de alterar las balanzas cuando pesa. Debe cuidarse de acaparar porque si acapara pierde la protección de Allah y de Su Mensajero (B y P). También debe cuidarse de tratar con usura e interés, porque Allah lo ha prohibido y el Profeta (B y P) dijo: “Un dirham de usura que una persona consume a sabiendas es peor que cometer Zina treinta y seis veces”. [7]

            Daremos más detalles al respecto cuando lleguemos al tema de “Asuntos humanos”.


[1] Citado por Ibn Maya y Al Hákim; ambos lo clasificaron como válido.
[2] Citado por Al Hákim y Al Tirmidhi, con buenos relatores.
[3] Citado por Al Tirmidhi, Ibn Maya, Ibn Hibbán y Al Hákim.
[4] Citado por Al Tabarani.
[5] Citado por Muslim y otros.
[6] Citado por Ibn Hibbán en su “Sahih”.
[7] Citado por Ahmad con la autoridad de conocidos transmisores.

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