El Ayuno Desde Una Perspectiva Comparativa

1. En otras religiones y dogmas, en otras filosofías y doctrinas, quien observa el ayuno se abstiene de ciertas clases de comida o bebida o de sustancias materiales, pero queda libre para sustituirlas y llenar su estómago por completo con alimentos alternos, también de naturaleza material. En el Islam uno se abstiene de las cosas de naturaleza material - comida, bebida, tabaco, etc., al objeto de obtener goces espirituales y alimento moral. El musulmán vacía su estómago de todas las cosas materiales: para su alma de paz y bendiciones, su corazón de amor y simpatía, su espíritu de piedad y fe, y su mente de sabiduría y resolución.

2. La finalidad del ayuno en otras religiones y filosofías es invariablemente parcial. Se hace con fines espirituales o por necesidades físicas, o por refinamientos intelectuales, nunca para todo ello combinado. Sin embargo en el Islam se hace para disfrutar de todos esos beneficios y por muchos otros fines sociales y económicos, morales y humanitarios, públicos y privados, personales y comunes, internos y externos, locales y nacionales, todos ellos combinados conforme a lo antes dicho.

El ayuno no islámico exige sólo la abstinencia parcial de ciertas cosas materiales. Pero el tipo islámico va acompañado de mayor devoción y adoración, de mayor caridad y estudio del Corán, de sociabilidad y actividad más abundantes, de autodisciplina y conciencia despierta más acusadas. En conjunto, el musulmán que ayuna se siente una persona distinta. Es tan puro y limpio interior como exteriormente, y su alma es tan clara que se considera próximo a la perfección, debido a su proximidad a Dios.

4. A nuestro leal saber y entender, y basándonos en la experiencia diaria, otras religiones y filosofías morales enseñan al hombre que no puede alcanzar sus metas éticas ni entrar en el Reino de Dios, en tanto no desarraigue de sí los atractivos mundanos. Resulta, por tanto, necesario que ese hombre se aparte de sus intereses mundanos, desatienda sus responsabilidades humanas y recurra a cierta clase de autocastigo o severo ascetismo, del que el ayuno constituye el elemento esencial. El ayuno de esta naturaleza, con personas de este tipo, puede emplearse y ha sido empleado - como pretexto; para justificar la humillante retirada del curso normal de la existencia. Pero el ayuno en el Islam no implica un divorcio con la vida sino un matrimonio dichoso con ella, no una retirada sino una penetración con armas espirituales, y no un abandono sino un enriquecimiento moral.

El ayuno islámico no separa la religión de la vida diaria, no disgrega el alma del cuerpo. No rompe, armoniza. No disuelve, transvasa. No desintegra, sino que llena un vacío y revive.

5. El calendario del ayuno islámico constituye también un fenómeno sorprendente. En otros ámbitos, el tiempo de ayuno se halla vinculado a un determinado momento del año, de forma sumamente inflexible. Pero en el Islam el momento del ayuno llega con el mes del Ramadán, el noveno del año. El calendario islámico tiene carácter lunar y los meses transcurren con arreglo a las diversas posiciones de la luna. Ello quiere decir que durante un periodo limitado de número de años, el ayuno islámico abarca las cuatro estaciones principales del año y avanza y retrocede entre el verano y el invierno a través del otoño y de la primavera, de forma rotativa. La naturaleza del calendario lunar es tal que el mes del Ramadán tiene lugar, por ejemplo, en Enero de un año, en Diciembre de otro, y en cualquier momento a lo largo de los años sucesivos. Esto indica en un sentido espiritual que el musulmán disfruta de la experiencia moral del ayuno a varios niveles, y paladea sus sabores espirituales en diversas estaciones y climas variables, a veces en los días cortos y fríos del invierno, a veces, en los largos y cálidos del verano y, a veces, entre ellos. Así, esta variedad de experiencias se presenta, en todo momento, como rasgo impresionante de la vitalidad de la intuición islámica. Se nos presenta, así mismo, como infalible expresión de disposición, dinamismo, y adaptabilidad por parte del creyente musulmán. Es, ciertamente, un factor saludable y notable de las enseñanzas del Islam.

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