Islam Para Niños - Primera Parte - 6) El Profeta Hud

EL PROFETA HUD

Hace muchos años, existía un pueblo de gente muy instruida y trabajadora. Era la gente de Ad, que construían casas hermosas y grandes. En la cima de cada montaña habían construido una torre y estaban muy orgullosos de sus hermosos edificios.

Entre la gente de Ad vivía un hombre llamado Hud, y Hud había sido escogido por Dios para que fuera Su profeta.

Dios me ha enviado a vosotros, dijo Hud a su gente. Dios os ha enseñado todo lo que sois capaces de hacer. Él os ha dado muchos hijos y muchos animales. Debéis, por tanto dejar de adorar a vuestros falsos dioses. Adorad sólo a Dios y obedeced Sus órdenes. Haced el bien y no cometáis injusticias ni maldades. Escuchad lo que os digo porque, si no lo hacéis, temo que caiga sobre vosotros un castigo.

Pero la gente de Ad despreciaron a Hud: -No creas que te vamos a hacer caso-, se burlaban. –No vamos a abandonar nuestros dioses sólo porque tu lo digas. Después de todo ¿quién eres tu? No eres más que un mentiroso. Si no eres un mentiroso, pruébalo: dile a Dios que nos mande el castigo-.

Hud se puso muy triste y enojado al oír esto. -No soy un mentiroso-, les dijo, -Soy un Profeta de Dios. ¿Creéis acaso que las casas que habéis construido durarán para siempre?. Recordad que es Dios Quien os ha dado vuestras riquezas El es mi Señor y vuestro Señor, y en El sólo confío. Ya os he avisado con antelación: Si no obedecéis a Dios, El elegirá otro pueblo para que tome vuestro lugar. Dios sabe y oye todas las cosas. Pero a pesar de las advertencias de Hud, la gente de Ad siguieron adorando a sus falsos ídolos. Hud estaba muy enojado. Reunió a sus compañeros fieles y marchó con ellos, dejando a la gente de Ad. De esta forma como pronto veréis, Dios protegió y guardó del mal a los que creyeron en El.

Poco tiempo después, una gigantesca nube negra apareció en el cielo sobre la gente de Ad. Cuando los incrédulos de Ad la vieron, dijeron: Esta nube nos traerá una lluvia refrescante.

Pero estaban en un gran error. La nube trajo un viento terrible que los mató a todos. El viento arrastró todo a su paso Nada quedó en pie salvo unas pocas piedras grandes, que eran los restos de las casas y de las torres. No vale de nada por lo tanto, construir y hacer muchas cosas. Si uno no obedece a Dios, el castigo va a llegar y todo lo que uno ha construido se convertirá en ruinas.

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